EL PROBLEMA NO ES TU PAREJA

Lo que realmente sostiene (o sabotea) el amor en San Valentín

El día de San Valentín suele vendernos una idea peligrosa y que proviene del pensamiento mágico de nuestra cultura: que el amor se demuestra con flores, cenas y gestos perfectos.
Pero la realidad es que el amar y el compartir nuestra vida en pareja, no se sostiene con regalos. Se construye con conducta, todos los días, no solamente unos cuantos en el calendario del año.

No es lo que tu pareja hace o “debería” el 14 de febrero lo que determina la calidad del vínculo. Es cómo tú estás habitando la relación todos los días.

La pregunta no es:
“¿Mi pareja me está dando lo que necesito?”

La pregunta es:
¿Cómo estoy yo participando en esta dinámica?

Porque muchas veces creemos que el problema es el otro, cuando en realidad el conflicto revela algo que aún no hemos aprendido a sostener en nosotros mismos.

¿Qué es realmente una relación sana?

No es la ausencia de conflicto. Es la capacidad de reparación y de consciencia que vamos adquiriendo en nuestra relación, una relación sana es un resultado, no una meta. Una relación sana se logra de dos personas sanas, completas, autónomas, adultas, suficientemente enriquecidas e independientes para tener la capacidad de elegir y no de necesitar.

“No te necesito para nada, pero te elijo para todo”

Una relación sana es autonomía + vínculo, ess poder ser tú sin miedo constante a perder al otro, es responsabilidad emocional compartida, no se trata de encontrar a alguien perfecto, se trata de aprender a vincularte sin abandonarte.

Los seres humanos estamos en constante proceso, y es verdad que vamos eligiendo a aquellos que nos tocarán las heridas no vistas para que sea una oportunidad de mirarlas desde la adultez e integrarlas.

Las parejas o las relaciones sanas, no se buscan, se construyen, y el resultado será ser nosotros mismos en evolución y expansión, vivir en la dignidad y la congruencia.

Lejos de buscar construir una relación “perfecta” huyendo de los conflictos, es una invitación a comprender el sentido de para que estamos con esa pareja y hacernos esta pregunta: ¿para que estoy yo contigo? y que todo lo que va sucediendo en esta dinámica nos moviliza lo necesario para reflexionar acerca de nosotros mismos.

Existe la fantasía de que las parejas sanas no discuten, eso es un mito, cuando en una relación no hay conflictos es porque una de las dos partes se está aguantando, está sometida y reprime.

Las parejas maduras sí discuten, la diferencia es cómo lo hacen, un conflicto destructivo busca ganar, un conflicto evolutivo busca comprender, sus razones, mis razones y buscar entre los dos el acuerdo.

La clave no está en evitar el desacuerdo, sino en regular el sistema nervioso antes de hablar, si estás en pico emocional —gritando, llorando, atacando o cerrándote— no estás dialogando. Estás reaccionando, la pausa es una herramienta de madurez, respirar, salir a caminar, regularte primero… y luego volver a la conversación, no es huir. Es responsabilizarte de tu intensidad.

¿Qué te estás diciendo cuando hablas con tu pareja?

Antes de que pronuncies una palabra, ya hubo una conversación interna.

Ese diálogo invisible suele sonar así:

  • “No le importo.”

  • “Siempre soy yo quien cede.”

  • “Seguro me va a dejar.”

  • “Nunca es suficiente.”

El problema es que nuestro sistema nervioso interpreta antes de escuchar, si tienes experiencias previas, en tu infancia, de abandono, crítica o traición, tu cuerpo reaccionará en milisegundos. Tu pareja puede estar diciendo algo neutral, pero tu sistema lo traduce como amenaza.

Y cuando el cuerpo se siente en peligro, no dialoga: se defiende, la discusión entonces no nace de lo que el otro dijo, sino de lo que tu historia activó.

¿Cómo comunicar sin destruir?

Siempre nos estamos comunicando, incluso el silencio comunica. Los seres humanos captamos mucho más los gestos, la corporalidad, el tono de voz, la mirada que las palabras.

Habríamos de desarrollar la escucha activa en nuestra relación, no es lo mismo escuchar, que oír, es escuchar con los ojos y practicar la presencia en la mirada es un acto de amor. Es decir con los ojos: “Estoy aquí. Te veo. Te reconozco.”

¿Cómo comunicar sin destruir? No se trata de evitar el conflicto, sino de transformarlo.

Algunas claves prácticas:

  • Habla desde el “yo siento” y no desde el “tú siempre”.

  • No discutas en pico emocional.

  • Escucha para comprender, no para responder.

  • Valida la emoción del otro, aunque no compartas su interpretación.

Validar no es dar la razón.
Es reconocer la experiencia emocional del otro. Y eso cambia completamente el tono de una conversación.

El amor no se trata de flores ni de cenas perfectas, se trata de conciencia y de conducta.

La relación que tienes contigo se sienta a la mesa cada vez que discutes con tu pareja.

Si te abandonas para evitar conflicto, eso estará presente, si te atacas internamente, eso también se expresará afuera.

El problema no es tu pareja.

El trabajo es aprender a relacionarte desde regulación, responsabilidad y presencia y eso, más que cualquier regalo, es lo que realmente sostiene el amor.

Les deseo un amor libre, divertido, retador, enriquecedor, delicioso, infinito y expansivo, el 14 de febrero y cada día de sus vidas.

Siguiente
Siguiente

El silencio como práctica viva: presencia, escucha y transformación interior