Mujeres Místicas: CUANDO SOLO EL AMOR SABE

Hace poco tomé un curso con Mardia Herrera, historiadora y filóloga, mujer que agradezco profundamente haber descubierto gracias a la magia de las redes digitales. Cada vez que vuelvo a estudiar con seres humanos tan brillantes, me imagino armano yo mi propia Universidad de Harvard, agradezco profundamente haber nacido en esta época digital.

Ha sido todo un viaje para mi propio desarrollo como ser humano el mantener un pie en el mundo académico y riguroso de la clínica en psicología, y al mismo tiempo tener un pie en el misticismo y el cultivo de mi espiritualidad.

“Místico” se refiere a una experiencia o forma de relacionarse con algo que se percibe como profundo, trascendente o más allá de lo racional y cotidiano.

Me ha encantado como nos lo compartió Mardia, claro ella se dedica a dar clases de historia y filología, nos dijo algo particularmente maravilloso y que yo misma experimenté, que es que cuando estudias personajes históricos y te metes de lleno en sus cartas, libros, poemas… de alguna manera es como meterte en sus pensamientos e incluso en sus corazones, como si pudieras ver con sus ojos y sentir con su corazón. La mayoría de estas mujeres que estudiamos, son de épocas pasadas, pero al volverlas a estudiar es como si nunca murieron, reviven en cada palabra, por eso amo la mística, porque trasciende la lógica y la razón, me ha conectado con algo mucho más trascendente que mi ego, y que todo lo que yo creo que conozco de esta vida.

Este curso, por cierto, me acercó a Rosalía, si la cantante española de moda, de la cual me había resistido a escuchar, por pensar equivocadamente que era una cantante de moda y por sorpresa en el último disco, LUX, Rosalía ha hecho una profunda conexión con lo místico, hemos estudiado una de las canciones en particular La Yugular, la cual se nota sumamente inspirada en Rabia al-Adawiyya una mística sufí del siglo VIII y es especialmente conocida por desarrollar la idea del amor puro y desinteresado hacia Dios, no por miedo al infierno, ni por deseo al paraíso, sino por un amor absoluto:

“Si te adoro por miedo al infierno, quémame en el infierno.
Si te adoro por deseo del paraíso, exclúyeme del paraíso.
Pero si te adoro por Ti mismo, no me niegues Tu belleza eterna.”

La intención inicial de este curso, fue precisamente ese balance que mi vida necesitaba, no es un curso que hay que intelectualizar, ni razonar, es un curso que hay que saborear con el corazón, permitiendo ser tocado a través de cada palabra, de cada sentir, y lo más lindo fue traerlo a la vida cotidiana, porque si se vive desde la presencia, los silencios, la conexión intensa con el mundo material, lo místico se aterriza en cocinar, sentarse a meditar, mirar a los ojos a las personas a la que nos dirigimos, lavar los platos, hacer ejercicio, pero si no estamos conectadas o conectados con nuestro cuerpo, con nuestra respiración, es difícil acceder. Por eso recuperar al cuerpo es imprescindible, el cuerpo es el camino al alma, es a través de él que podemos acercarnos más a nuestro centro.

Otras mujeres místicas que estudamos fueron Hidelgarda y Teresa de Avila, desde el misticismo cristiano. Mujeres cuyas vidas están separadas por poco más de 400 años de diferencia, Hildegarda tenía experiencias más de conocimiento, y relacionadas con el macrocosmos; Teresa experimentaba el amor y el autoconocimiento. Hildegarda podría ser denominada más bien como visionaria; Teresa es, propiamente, una mística. Hildegarda podía, mientras llegaban las visiones, seguir haciendo vida cotidiana; Teresa quedaba a veces arrobada y su vida suspendida.

Las dos empezaron a revelar lo que vivían tras la “crisis” de los 40 años. Las dos sintieron con más fuerza el anhelo de decir que el de callar, las dos nos llevan a una pregunta:

¿Qué ocurre cuando una persona toma completamente en serio su experiencia interior?

En nuestra última sesión, Mardia rescata a mujeres actuales, que pudieran darnos una visión de la mística más cercana. Estudiamos a: SIMONE WEIL: Una gran pensadora del siglo XX, cuya no pertenencia formal a ninguna tradición puede servirnos para desvincular la mística de la pertenencia formal a una forma religiosa. A ella también le dedica Rosalía un hueco en su disco físico: “El amor no es consuelo. Es luz” y estudiamos a AMMA: Quería acabar con una mística que aún estuviera viva. Alguien a la que se puede visitar, en este caso una mística de origen hindú que viaja por todo el mundo dando abrazos y que encarna a la Madre Universal.

Ha sido un viaje de contemplación como un puente hacia lo vivo. El acercarme a la obra de estas mujeres, no como objetos de estudio, sino como espejos donde se refleja mi propia humanidad y como llaves que abren el corazón. Ellas, que según el antiguo hadiz “murieron antes de morir”, siguen por ello vivas, y nos ofrecen hoy una brújula para transitar el presente, para autodescubrirnos.

"En el amor, el 'yo' y el 'tú' han perecido; solo queda el Amado. No hay hombre ni mujer en el océano de la Unidad" (Rumi).

En palabras de Mardia: En los últimos años, estamos asistiendo al florecimiento de una mística de raíz femenina. No se trata de un movimiento exclusivo de mujeres, sino de una respuesta del alma humana para equilibrar un mundo herido por el exceso de rigidez masculina: la hipercompetitividad, el intelectualismo árido y el materialismo depredador. Esta mística nos propone:

a. Recuperar el Rostro Materno de lo Divino: Frente a la imagen de un Dios juez o arquitecto lejano, rescatamos la compasión incondicional como el sustento mismo de la vida. Como vislumbraron Ibn Arabi o Juliana de Norwich, entender la Divinidad como Madre nos permite superar los dualismos ideológicos y sentirnos, por fin, "en casa" en la existencia.

b. El Retorno del Anima Mundi: Siguiendo a Karen Armstrong y el legado del Círculo de Eranos, urge volver a concebir la naturaleza no como un recurso explotable, sino como un tejido relacional sagrado. La mística femenina no mira al cielo para huir de la tierra; mira la tierra para descubrir en ella la teofanía de lo sagrado.

c. La Revolución de la Atención: En la era de la distracción digital, retomamos a Simone Weil, para quien la atención absoluta es la forma más pura de generosidad. Esta mística defiende la contemplación y la "pasividad creadora" (saber esperar, saber recibir) como actos de resistencia frente a la prisa productivista.

d. Una Espiritualidad Encarnada: Es el paso de la mística del "vuelo" a la mística del "suelo". Explorar la dimensión corporal y lo cotidiano —lo que Teresa llamaba “Dios entre los pucheros”— para sacralizar la materia y el cuerpo, tradicionalmente olvidados por las grandes estructuras religiosas.

e. El Corazón como Órgano de Visión: Recuperar la noción sufí del Qalb (corazón) no como sede del sentimiento sentimental, sino como el órgano de conocimiento más preciso: aquel capaz de captar la unidad en la diversidad y de convertir lo inhóspito en algo íntimo.

f. La Ética del Cuidado y la Sangha: Thich Nhat Hanh profetizó que “el próximo Buda será la sangha” (la comunidad). La mística hoy se teje en red. Ya no buscamos el héroe solitario en la cima de la montaña, sino la santidad compartida, el cuidado mutuo y la ternura como fuerza política y social.

g. La Belleza como Portal: Como bien señaló Weil, la belleza no es un adorno, es la salida de la espiritualidad en Occidente. El cultivo de lo bello nos salva del cinismo y nos reconecta con el asombro.

h. En definitiva, retorno a la unidad y al amor: El desafío no es solo teórico, es una invitación a la transfiguración. Esta mística femenina nos recuerda que solo lograremos evitar el desastre si aprendemos a mirar la creación no como un objeto dañado, sino como un hijo amado. Solo el amor sabe qué hacer a continuación.

Entrar a fondo en la propia vida —en lo concreto, en lo pequeño, incluso en la propia herida— es la vía más segura para servir al mundo.

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